Brújula de la Semana

«Están transformando el humedal en una pampa»

Contextos / Historias / Slider / 08/10/2020
Texto: Germán Mangione / Fotos: Eduardo Bodiño

Si bien existen denuncias sobre los incendios intencionales en las islas, y los objetivos agro-ganaderos que esconden los mismos, la Justicia dice no poder demostrar las intencionalidades y las causas judiciales se empantanan. Sin embargo en medio de la emergencia ambiental que se vive con los incendios en las islas y el ecocidio que avanza en el humedal del Delta del Paraná la construcción de terraplenes (con presencia de máquinas y todo) aparece como una evidencia irrefutable de las responsabilidades ecocidas, y la Justicia tampoco parece actuar en esos casos.

“Denunciaron a un ganadero por construir un terraplén en los humedales entrerrianos”, dice el título del portal El Once de Entre Ríos, y si bien la noticia parece sacada de la más actual coyuntura está fechada en el año 2012. Y es que hace ya más de 8 años que organizaciones como El Paraná no se Toca vienen denunciando este tipo de práctica que hoy se vuelven a poner en discusión cuando muestra sus consecuencias en la propagación de los incendios del Delta.

La noticia refiere a la denuncia que la organización hizo por aquellos años por un terraplén de dos metros de altura que fue construido por un ganadero de apellido (Enzo) Mariani, 40 kilómetros al oeste de donde se inicia el puente Rosario-Victoria, en las islas de jurisdicción entrerriana ubicadas sobre el río Paraná. Por las que además pesa una acusación de usurpación a un terreno público propiedad de la Municipalidad de Rosario. El empresario fue escrachado por organizaciones ambientales por estos días en una de sus empresas, la guardería náutica y estación de servicio de combustible, Henry Morgan.

Esta mañana la Multisectorial por los Humedales realizó, de manera sorpresiva, un escrache a Enzo Rómulo Mariani, uno de…

Publicado por Cooperativa de Comunicación La Brújula en Miércoles, 7 de octubre de 2020

En 2018 volvieron a denunciar la profundización de las obras. “Este terraplén está identificado desde hace años por los organismos oficiales. Por estas horas se lo está ampliando y reforzando sin que nadie tome debida carta en el asunto en vista al daño ambiental ocasionado”, aseguraban en una nota en el diario El Ciudadano en la que aportaban incluso un video de las obras en proceso.

“Desde el Paraná no se toca hace unos cuantos años que venimos denunciando estas actividades. Esto se profundizó cuando apareció la traza vial Rosario-Victoria, y muchos aprovecharon eso para meter maquinas en las islas”, asegura Pablo Cantador, miembro de la organización.

El terraplén construido por Mariani está en la zona del Legado Deliot,  un terreno de 1700 hectáreas cedido a la Municipalidad de Rosario, a la altura del km 13 del ruta.

“Hay entre 12 y 15 km de caminos es una obra costosísima. Un camino desde la traza vial hasta el chalet que se hizo el tipo que está a unos 8 km de la ruta. En ese camino cortó una laguna, y un arroyo muy conocido que se llama Arroyo de la Cruz que unía la Laguna de la Cruz con Los Confines. Era utilizado por la gente de la isla porque conecta el Paranacito. Eso corto todo”, confirma el ambientalista.

La “obra” de Mariani es una de los más importantes pero no es la única que se hizo. Pablo comenta que también constataron obras que hizo un productor de apellido Croato, en la desembocadura del Arroyo del Ceibo, pegado a Victoria, donde se desarrolla un feet loot.

“Un terraplén muy grande y está hace más de 10 años”, afirma.

Y una “obra” de las que más relevancia tomó durante los incendios fue el que se encuentra en el kilómetro 44 de la ruta que conecta Rosario con Victoria. “Es faraónico, eran zonas inundables donde antes había lagunas con aves acuáticas, peces, etc. Eso quedo todo cerrado y lo seco y ahora parecen estar haciendo pasturas”, señaló.

El control, tarde y mal.

Según las organizaciones ambientalistas las obras denunciadas no tienen las habilitaciones legales necesarias ni están permitidas en esas zonas.

“Nosotros lo denunciamos, porque eso que se ve no se puede hacer. Es un área protegida, y parece mentira que tiene que ir uno a la Municipalidad de Victoria para denunciar que están las máquinas haciendo un desastre. Pero lo hacemos porque ellos parecen ‘no verlo’”, asegura Cantador.  “Notamos que hay poca capacidad de control estatal, porque a la delegación policial de islas la fueron vaciando. Hasta el año 2008 algo de recursos se le daba pero después la fueron vaciando. En su momento no tenían ni lanchas para recorrer”, agregó.

Existe un organismo encargado de registrar y denunciar estas irregularidades: el Consejo Regulador del Uso de Fuentes de Agua (Corufa), dependiente del Ministerio de Producción de Entre Ríos.

Según tomaron conocimiento desde la organización en la que participa Cantador, tienen relevados en nuestra zona por los menos 19 terraplenes que hacen de diques en la zona. “También está la Dirección de Hidráulica de la provincia de Entre Ríos, los llamamos varias veces y decían que no era una prioridad ni tenían recursos para ir a constatar”, asegura quien es el encargado de hacer esos llamados para denunciar.

Pero la afirmación de que el Estado no pone los recursos necesarios para ejercer un control más estricto no viene solo del ambientalismo, sino que lo aceptan los mismos funcionarios encargados de los organismos de control.

Es el caso de las explicaciones que daba Daniela García, coordinadora del Corufa, quien en la reunión plenaria del organismo realizada en septiembre de este año (en pleno desarrollo de las quemas) planteó que en todas las áreas «hay déficit de personal técnico, lo que dificulta mucho el análisis e inspección necesarios para cada expediente y obra. Es una problemática que viene de varios años pero hubo sucesos puntuales, como los incendios en el Delta, que requieren presencia en el territorio del Corufa».

Si bien en el último tiempo se detuvieron algunas obras donde se constataron construcciones de este tipo como en el Islote Wilson con máquinas limpiando terrenos fiscales, loteando y vendiéndolos y terraplenes en el km 44 sumados a los de Mariani, las máquinas todavía están ahí.

“Para el Estado y la Justicia sería muy fácil conseguir los datos de los dueños de las tierras donde se dan estas obras. Pero nosotros no podemos conseguirla. Con la denuncia del kilómetro 44, la Municipalidad de Victoria constató y envió la orden de frenar las obras y deshacer lo que estaban haciendo. Los tipos siguieron como si nada, con las máquinas trabajando y mandaron abogados a la Municipalidad diciendo que tenían permisos nacionales y provinciales para hacerlo. Pero nunca los mostraron”, afirmaron desde Paraná No se Toca

En el marco de la última reunión del Corufa surgieron dos expedientes: terraplenes constatados en el kilómetro 39 y 44 de la conexión física Rosario- Victoria Nº 174; y otro en Puerto Esquina, distrito Rincón del Nogoyá.

Pero parece que el Estado está organizado para llegar tarde y mal. Como confirmaba el anterior coordinador del Corufa, Eduardo A. Asueta, “cuanto antes tomemos intervención es más fácil resolver el asunto, porque cuando intervenimos con la irregularidad consumada, entonces es más difícil.” Algunas de las denuncias tienen más de 10 años.

Se llevaron el río

“Hola, mi nombre es Magda Costantini. Vivo en San Lorenzo, Santa Fe y unas hectáreas de isla han estado en mi familia desde hace más de 70 años. Por aquellos tiempos la embarcación de pasajeros conocida como ‘La Rápida’ pasaba frente a la casa transportando a quienes se dirigían a Victoria y ese mismo riacho era utilizado por alumnos que concurría a la Escuela en Zona de Islas “Ángel Piaggio”. Hace más de 15 años, personas desconocidas tapiaron el curso natural de agua que pasa delante de la propiedad, derribando árboles terminaron por ‘taponar’ el Riacho Paraná”

El breve relato que llegó a mi casilla de correo electrónico es el de una familia, pero sirve como muestra de lo que provocan en decenas de lugares los cambios del paisaje provocado por la actividad productiva sin control.

Magda se apresura a aclarar que la isla “siempre fue para uso recreativo de las familias, jamás se utilizó para ganado ni se arrendó para tal fin”. Y cuenta que hoy, los alumnos que también utilizaban el curso de agua, deben hacer más de 12 kilómetros para llegar a la institución educativa.

Como se repite en cada historia que escuchamos se realizaron en varias ocasiones presentaciones en el Municipio de Victoria y en la Dirección de Hidráulica de la provincia de Entre Ríos pidiendo la apertura del mismo, pero no hubo respuesta.

Hoy el terraplén no solo los dejó sin agua y si entrada por río (tienen que dejar la embarcación a varios kilómetros para llegar) sino que puso en peligro toda la propiedad familiar con los incendios.

“La sequía histórica de estos últimos meses y los incendios en la zona de islas hicieron que el fuego llegara a metros de la propiedad, de haber estado abierto el cauce del riacho, el foco ígneo no se habría propagado hacia ese sector”, cuentan en el mensaje.

En comunicación con La Brújula la familia Constantini  comentó que “en la zona siempre se vio ganadería para el lado de Timbúes, para el lado del Bobo, mucho movimiento de barcazas transportando ganado. Hay maquinaria agrícola a veces hemos visto, en vez de hacer corrales, hacen terraplenes de tierra y contienen el ganado”.

Consecuencias irreversibles

Las consecuencias de estas transformaciones del suelo del Delta para uso agropecuario tienen consecuencias ambientales y sociales. Estos terraplenes realizados para evitar que la creciente obligue a trasladar el ganado, muchas veces provoca que también se inunden los ranchos de la gente de la zona porque el agua no desagota naturalmente como antes.

Pero hoy estas modificaciones de la morfología isleña han demostrado además haber profundizado las condiciones para que se extiendan los incendios.

“La bajante de este año es histórica, hay que ir para atrás 50 años para verla, y se juntó con la gran sequía que hay. Se secaron todas las lagunas. Cualquier incendio se transforma en incontrolable. Y en ese marco los terraplenes profundizan el problema. Lo que estas personas han cerrado es por donde debería pasar agua, que frenaría la expansión de las llamas, pero eso no está. Además golpea a la fauna autóctona. Están transformando el humedal en una pampa”, confirma Pablo con pesar.

«Están transformando el humedal en una pampa”

Algo similar asegura Magda: “Al cambiar tanto la vegetación en los últimos años no se ve tanto monte y se ve más llano. Con las quemas que llegaron a la puerta del rancho de mis abuelos, tomamos dimensión del peligro”.

Cuando el humo pase.

La preocupación y las denuncias no son nuevas, pero la expectativa es que la relevancia social que tomó el tema con los incendios y el involucramiento de tanta gente en los reclamos provoque un cambio de políticas antes que pase el humo y se apague el fuego y los reclamos. Pero la historia no da buenos augurios.

“No tengo expectativa de que pase nada incluso con las denuncias actuales. Me da esperanza que hay muchos jóvenes peleando por el tema humedales, pero soy pesimista porque hace mucho que lo vemos y no pasa nada. Algunos contestan pidiendo tiempo para sacar las máquinas, y si bien no están funcionando, tampoco desarman los terraplenes y dejan las máquinas ahí. Hasta el día de hoy nunca se desarmó un terraplén, si no hay alguno es porque se derrumbó naturalmente.  Incluso han llegado a volver a armarlos una vez que se los llevó el agua a pesar de que había fallos en contra”, cuenta Pablo.

Hoy hay muchas dudas e hipótesis sobre quienes prenden fuego y con qué intenciones. Y la Justicia tarda en poder demostrarlo, pero los terraplenes y las máquinas se ven. Hay nombres y obras. Hay lugares, hay dueños identificados, está todo. Que la Justicia y el Estado entrerriano no actúen firmemente en estos casos, huele a la peor complicidad de la que todos sospechamos.

Entrevista con Pablo Cantador, de Paraná no se Toca en La Brújula de la semana

Los terraplenes y los incendios

En medio de los incendios de las islas volvieron a cobrar notoriedad las denuncias sobre la creación de terraplenes que modifican el suelo del humedales para beneficio de los productores ganaderos y empeorando las condiciones en torno a los incendios.Charlamos con Pablo Cantador, miembro de El Paraná NO se toca, quienes vienen denunciando hace años estas situaciones."Hay muy poco control y las denuncias se amontonan sin que se haya sacado un solo terraplen de los que denunciamos en estos últimos 10 años", asegura Pablo.

Publicado por La Brújula de la Semana en Domingo, 4 de octubre de 2020


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