Brújula de la Semana

Agroexportadoras con récord de ventas y baja de retenciones pero poco ingreso de dólares y salarios a la baja

Contextos / Slider / 01/12/2020

Por Germán Mangione

“Toda medida de fuerza contra los puertos es hoy una acción contra el país. Pretendemos que ambos gremios vuelvan a la mesa de negociación, con un reclamo realista; no es el momento de hipotecar el futuro con demandas imposibles”, declaraba ayer Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de Industrias Aceiteras de la República Argentina, quién es además uno de los tres hombres elegidos por todo el lobby agroexportador para ser la cara del Concejo Agroindustrial Argentino y negociar con el gobierno nacional las leyes y medidas para el sector.

Estas declaraciones se dan en el medio del aumento de la tensión en el complejo agroexportador del gran Rosario tras el fracaso (luego de meses) de las negociaciones salariales con los principales gremios del sector.

Los trabajadores piden la reapertura de paritarias (que debería haberse dado en septiembre), el pago de un bono pandemia (que desde abril está pagando la empresa COFCO y que se entrega por haber sido considerados trabajadores esenciales durante la cuarentena sin interrumpir su trabajo) y el pago del bono de fin de año en su totalidad (varias empresas amenazaron con recortarlo).

Las empresas otorgaron un aumento salarial de 25% en lo que va del año y ese valor debía quedar sujeto a una revisión que hasta ahora no aceptaron con el argumento de que ese valor no fue superado por la inflación acumulada desde abril.

Este lunes comenzaron con medidas de fuerza la Federación Nacional Aceitera junto a URGARA (que nuclea a los recibidores de granos), tras un acuerdo entre ambas entidades gremiales realizado el mes pasado para impulsar la acción conjunta.

Por su parte el SOMU (donde se agrupan en nuestra región los prácticos que realizan tareas de embarque y amarre) se declaró en estado de alerta y movilización con la posibilidad de que hoy se realice un paro en las tareas a bordo de lanchas de transporte de prácticos en la zona comprendida entre Timbúes y Baradero.

Por su parte el SOEA, que representa a los trabajadores aceiteros de San Lorenzo y la región (donde se encuentra el mayor número de afiliados del complejo agroexportador) luego de una asamblea entre la comisión directiva y el cuerpo de delegados, realizaba desde esta mañana asambleas en la puerta de todas las empresas para definir el plan de lucha.

En el sector son 10 empresas, en su mayoría multinacionales, las que controlan casi el 90% de la agro exportación y explican el ingreso del 89% de las divisas netas que entraron este año al país desde enero a septiembre inclusive. Sin embargo alegan problemas de rentabilidad y una situación compleja en lo económico debido a una alta capacidad ociosa en la industria aceitera y harinera.

Mientras tanto los precios de los productos agrícolas baten todos los record de los últimos años y las empresas presentaron ventas al exterior también con números record. ¿Qué pasa entonces en el comercio de granos?

Récord de precios y perspectivas de aumento de ventas.

Los precios de referencia de la soja y el maíz en el mercado externo están en máximos records con alzas sostenidas durante los últimos meses. Una tendencia que tiene elementos de sobra para pensar que puede extenderse en el tiempo.

Una conjunción de factores que van desde la fuerte demanda de China, pasando por la caída de los stocks en Estados Unidos, hasta la sequía en Brasil y Argentina que afectaría los rindes de la soja y el maíz.

En ese marco la soja acumula un aumento del 24% en lo que va del año, lo que representa el crecimiento más importante en la última década.

Más allá de algunos rumores que aseguran que China podría reducir sus compras para mejorar la rentabilidad de su propio sector de industria aceitera, los analistas del sector afirman que hay condiciones para que esta tendencia de precios a la alza se mantenga en el mediano plazo.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario por el aumento de precios de los cereales y oleaginosas la cosecha Argentina se revalorizo en u$s24.326 millones, lo que representa un incremento del 43% respecto al ciclo 2019. Y por esto se prevé que la cosecha de soja y maíz significará un ingreso de divisas de alrededor de u$s26.500 millones en 2021, lo que representa un crecimiento del 14%respecto al ciclo previo y un 28% superior al promedio de los últimos años.

Pero no es solo una cuestión de mejores precios, sino que también se prevén mayores volúmenes de exportación. Para la nueva campaña 2020/21 se prevén embarques de poroto (7 % más) y harina de soja (1% más) por encima del ciclo previo.

Los únicos números de exportación que caería serían los del aceite de soja (11% menos), pero porque se destinaría mayor cantidad al uso interno para la fabricación de combustible, el otro gran negocio de las aceiteras subsidiado por el estado y la compra de YPF.

Según los cálculos de la Bolsa de Comercio de Rosario para la próxima campaña el principal complejo exportador del país embarcaría 40,3 millones de toneladas de soja, un 2% por encima del ciclo actual, lo que significa gracias a los precios en alza, un 14% de ganancias.

Las exportaciones de maíz 2020/21, por su parte, caerían un 4% respecto al ciclo anterior a 34,5 millones de toneladas, aunque la recuperación de los precios de exportación más que compensarían el recorte, y el valor de los despachos del cereal crecerían un 15% interanual a US$ 7.100 millones.

Buenas ventas, pocas liquidaciones de dólares.

A pesar de la mejora de los precios, y de las medidas del gobierno como la baja de retenciones apuntadas a beneficiar al sector, esa tendencia no se pudo ver reflejada en la liquidación de divisas. De hecho en noviembre cerrarían el mes con alrededor de u$s1.600 millones liquidadas, un 5% menos que el mes previo.

Sin embargo el dato llamativo es que mientras se liquidaron menos dólares se declararon más ventas al exterior.

En octubre la industria aceitera anotó un record de ventas al exterior de harina y subproductos aprovechando el diferencial de precios entre los precios de la materia prima y los subproductos procesados (aceite, harina, biodiesel, etc). Estos productos pagan 2 puntos menos de retenciones que el grano sin procesar.

En noviembre la tendencia se repite, y puede comprobarse a partir de las cifras anotadas en las declaraciones juradas de ventas al exterior (DJVE) que diariamente provee el ministerio de Agricultura

El ingreso de dólares de la agroindustria en octubre fue de USD1.786 millones, un 4% menos respecto al mismo mes de 2019. Pero según calculó la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), en ese mismo mes aumentaron un 76,3% las declaraciones juradas de venta al exterior con respecto al mes anterior y un 36% en relación a octubre 2019.

Las DJVE registradas por Agricultura, dan cuenta que los agroexportadores aprovecharon la rebaja transitoria de los derechos de exportación. Las ventas de harina de soja, con 2.770.653 toneladas, fueron 55,3% mayores a las del mes anterior; las de aceite de soja,  casi triplicaron a las de setiembre, con un crecimiento de 179,5%. Finalmente las exportaciones del poroto de soja alcanzaron  un 1,21% más que el mes anterior.

La diferencia entre las declaraciones de venta y la liquidación de divisas tiene que ver con que la liquidación efectiva realizada por los agroexportadores en octubre, no incluye todas las ventas concretadas durante ese mes.

Si bien las retenciones se pagan a los pocos días de la declaración de venta, de acuerdo con la normativa del Banco Central «A» 6788, los exportadores deben liquidar en el Mercado Único Libre de Cambios (MULC) las divisas originadas por dicha exportación en los próximos 15 días corridos contados desde cumplido el embarque de las mercaderías, no de su declaración. En consecuencia, los números de Ciara y CEC no contemplan todas las operaciones de ventas del complejo sojero realizadas durante el período en que las retenciones a la soja estuvo en el 30%.

Aprovecharon la baja de retenciones, pero no realizaron todavía los embarques (se ve en la escasa liquidación). Lo que abre la puerta a una operación que han realizado varias veces en los últimos años. ¿Tienen la soja que declararon vender? ¿Ya la compraron a los productores? ¿O se la van a comprar al productor con mayores retenciones? ¿Quién lo controla?

Muchas ventas, ¿poca materia prima?

Según un estudio de la consultora Agritrend, la capacidad ociosa de la industria alcanza el 45% ya que la capacidad instalada teórica de las plantas que muelen soja ronda las 70 millones de toneladas. La industrialización de soja en la Argentina se estima que este año alcance los niveles más bajos de los últimos 6, con excepción del ciclo 2018 marcado por una severa sequía. Este es el principal argumento de la industria agroexportadora para negociar a la baja con los gremios del sector.

Lo más significativo es el estancamiento en los últimos meses de este año, particularmente en el último semestre, que podría explicarse por la falta de mercadería disponible. Este año los productores accedieron a créditos a tasas convenientes para financiar la actual campaña en marcha y por tanto no estuvieron “apurados” por comercializar sus granos para encarar la nueva campaña.

Sin embargo tampoco parece ser el problema real, ya que una gran parte de esa falta de materia prima para procesar fue suplida por importaciones principalmente de soja paraguaya.

De acuerdo a estadísticas oficiales en los diez primeros meses de 2020 se superó la cantidad de soja importada con respecto a todo el año anterior. En el mes de septiembre, se importaron cerca de 563.000 toneladas de soja, principalmente del Paraguay, tres veces por encima del mismo mes del año previo, al mismo tiempo que se estiman importaciones por entre 400.000 y 500.000 toneladas para el mes de octubre. De continuar la tendencia en noviembre y diciembre, se llegaría a un flujo de unas 6 millones de toneladas, lo que implicaría un salto interanual de casi 40%.

Gracias al régimen de admisión temporaria la soja importada paga muchos menos impuestos, ingresa a los complejos, y como se vio en el caso de Vicentín, se termina perdiendo el rastro de la procedencia de los granos, y por tanto la dificultad para que paguen las retenciones correspondientes, sea de la soja nacional (más alta) o la soja importada (más baja). Esta situación no solo perjudica al fisco, sino a los productores locales que tienen una competencia desleal.

¿Por qué las empresas traban la negociación con los gremios?

“Quieren un dólar más caro y que les bajen las retenciones, y nos ponen en el medio a nosotros”, explicó Pablo Reguera, secretario de SOEA en la asamblea que se realizó  esta mañana en la puerta de Cargill, en el marco de una ronda de asambleas en las que se discuten medidas de fuerza.

La Federación Nacional Aceitera por su parte en un comunicado asegura que “Como ya hemos señalado, es cada vez más evidente que las cámaras patronales en ningún momento han tenido voluntad de negociar y muy por el contrario, han buscado empujar al conflicto a todas las organizaciones gremiales del sector para generar las condiciones sectoriales que, como cortina de humo, les permitan justificar la baja liquidación de divisas con las que aportan a la embestida devaluatoria contra el peso argentino y contra el gobierno nacional, de igual manera que buscan continuar presionando por nuevas medidas en beneficio de los intereses empresarios”

Ambos gremios aseguran que por otro lado no es solo una discusión de actualización de haberes o de pago de bonos extra como el Bono Covid, sino que hay una intención de las empresas de avanzar sobre derechos adquiridos como la paritaria, los turnos o incluso el premio de fin de año que desde hace años reciben los trabajadores del sector.

En este mes además el Concejo Agroindustrial Argentino, que nuclea a todo el sector agroindustrial, y que tiene a Gustavo Idígoras como representante máximo, está discutiendo con el gobierno en distintas instancias un paquete de medidas que van desde leyes que favorecen al sector hasta la baja y el congelamiento de las retenciones por 10 años.

Factores todos estos que generan la sospecha que detrás del “estiramiento” del conflicto sindical no haya un problema económico como argumenta el empresariado sino la doble intención de presionar al gobierno para conseguir beneficios y avanzar sobre conquistas obreras en busca de bajar el costo salarial.

 


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